La exposición “Madre Asturias. De la España negra al arte de avanzada” invita a recorrer más de siglo y medio de historia a través de una pregunta de fondo: cómo el arte ha ayudado a mirar, representar y construir la identidad asturiana. La muestra, inaugurada por la consejera de Cultura, Política Llingüística y Deporte, Vanessa Gutiérrez, puede visitarse hasta el 4 de octubre en la Sala Sabadell-Herrero.
Comisariada por Luis Feás, la exposición reúne 59 obras de 37 artistas, realizadas entre 1860 y 2025. El resultado es una amplia panorámica sobre la evolución artística de Asturias y sobre la forma en que distintas generaciones de creadores fueron interpretando una sociedad en transformación.
No es solo una exposición de cuadros, nombres y fechas. Es también un relato sobre Asturias. A través de las obras aparecen algunos de los grandes temas que marcaron la vida del país: el mundo rural, la minería, la industrialización, la emigración, los conflictos sociales, la modernización y la búsqueda de una voz propia dentro del arte.
El recorrido permite ver cómo Asturias fue pasando de las primeras representaciones costumbristas a lenguajes cada vez más modernos y experimentales. Desde escenas de vida tradicional hasta miradas contemporáneas sobre la memoria industrial o el trabajo minero, la muestra ayuda a entender cómo el arte también participa en la construcción de una imagen colectiva.
Entre las piezas reunidas figura “Día de fiesta”, de Ignacio León y Escosura, fechada en 1860 y considerada una de las primeras grandes representaciones de tipos humanos realizada por un artista asturiano. El recorrido llega hasta “Mineros”, obra de Adrián Martínez González realizada en 2025, conectando así más de 150 años de creación.
La exposición incluye nombres fundamentales del arte asturiano y español, como Darío de Regoyos, Evaristo Valle, Nicanor Piñole, Ventura Álvarez Sala, Antón o Mariano Moré, junto a una selección de cartelismo de la Guerra Civil y obras vinculadas a la realidad social, rural e industrial de Asturias.
Uno de los atractivos de esta muestra es la presentación por primera vez de “Despedida a los novios en Monasterio de Hermo”, obra de Luis Álvarez Catalá fechada en 1897 y recientemente adquirida por el Principado. La pintura representa una escena tradicional en Monesteriu d’Ermu, en Cangas del Narcea, un lugar ligado a la biografía del artista, y destaca tanto por su calidad artística como por su valor etnográfico y documental.
La obra permite asomarse a la cultura tradicional asturiana de finales del siglo XIX, a sus gestos, celebraciones, formas de vestir y maneras de entender la vida comunitaria. En ese sentido, funciona como una ventana al pasado, pero también como una pieza clave para comprender cómo se fue fijando visualmente una determinada imagen de Asturias.
La muestra es fruto de la colaboración entre el Gobierno de Asturias y Banco Sabadell, y reúne piezas procedentes de 27 colecciones e instituciones, entre ellas el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, el Museo de Bellas Artes de Bilbao, el Museo de Bellas Artes de Asturias, el Museo Casa Natal de Jovellanos, el Muséu del Pueblu d’Asturies, el Museo Antón de Candás, además de bancos, ayuntamientos, colecciones privadas y fondos familiares.
Esa diversidad de préstamos permite reunir obras que no siempre son fáciles de ver juntas y construir una de las miradas más completas realizadas hasta ahora sobre la evolución del arte asturiano. “Madre Asturias” conecta tradición y modernidad, paisaje y conflicto, memoria y experimentación, mostrando que la identidad cultural asturiana nunca fue algo quieto, sino una construcción viva y cambiante.
La exposición da continuidad al camino abierto por muestras anteriores como “Una luz cambiante” y “Norte”, centradas también en reflexionar sobre los orígenes y la identidad del arte asturiano. Ahora, esta nueva propuesta amplía la mirada y sitúa a Asturias dentro de una historia artística marcada por la renovación estética, el compromiso social y la capacidad de crear desde un territorio propio.
“Madre Asturias” es, en definitiva, una invitación a mirar Asturias a través de quienes la pintaron, la imaginaron, la discutieron y la transformaron en arte. Una oportunidad para reconocer en esas obras parte de lo que fuimos, de lo que somos y de las muchas formas en que el país sigue contándose a sí mismo.



