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Asturias abre el debate sobre nuevos usos para hórreos, paneras y cabazos

Asturias ha abierto desde el pasado lunes el periodo de información pública de la mayor reforma del Reglamento de Patrimonio Cultural desde su aprobación en 2015. La modificación pone el foco en uno de los símbolos más reconocibles del paisaje asturiano: los hórreos, paneras y cabazos, con el objetivo de favorecer su conservación y evitar que caigan en desuso o abandono.

La propuesta parte de una idea sencilla: un hórreo que mantiene una utilidad tiene más posibilidades de conservarse que uno vacío y olvidado. Por eso, además de reforzar su protección, el nuevo texto plantea ampliar los usos permitidos en determinadas construcciones tradicionales, siempre que se respeten sus valores patrimoniales, su estructura, sus materiales y su imagen característica.

El trámite estará abierto durante un mes, periodo en el que ciudadanía, profesionales, entidades y administraciones podrán presentar aportaciones al texto. La reforma incorpora buena parte de las líneas recogidas en el Plan del Horru, que ya advertía de la pérdida de funcionalidad económica de muchas de estas construcciones y del riesgo que supone para su mantenimiento a largo plazo.

La nueva regulación diferencia entre los bienes con mayor nivel de protección y aquellos con protección parcial o inferior. Los hórreos, paneras y cabazos declarados Bien de Interés Cultural, incluidos en el Inventario del Patrimonio Cultural de Asturias o protegidos integralmente por los catálogos urbanísticos municipales mantendrán sus usos tradicionales como granero, despensa o almacén.

La principal novedad afecta a las construcciones con protección parcial o inferior. En esos casos, se crea por primera vez un régimen detallado de usos compatibles. Podrán destinarse, por ejemplo, a actividades complementarias vinculadas al turismo rural, la hostelería, la cultura, la venta de productos locales, la artesanía tradicional o la información turística y cultural.

También podrán funcionar como espacios auxiliares asociados a viviendas existentes o como zonas de almacenamiento compatibles con su conservación. En todos los casos, la norma establece un límite claro: estos elementos no podrán transformarse en construcciones convencionales ni perder aquello que los hace reconocibles como patrimonio asturiano.

La reforma regula además con más detalle los traslados, la vinculación de estas construcciones a viviendas, los criterios de protección y la creación de una comisión asesora para estudiar las tipologías tradicionales existentes en Asturias y orientar futuras actuaciones de conservación.

El texto incluye también novedades en materia de patrimonio arqueológico. Entre ellas, una regulación específica para el uso de detectores de metales y tecnologías similares, que requerirán autorización previa cuando se utilicen para buscar restos arqueológicos o culturales. La medida busca reforzar la protección preventiva del patrimonio y evitar el expolio de bienes culturales.

Otra de las líneas de la reforma se centra en los inmuebles protegidos en situación de deterioro. El nuevo reglamento actualiza los procedimientos de ruina, mejora las garantías en casos de derribo o demolición y obliga, cuando estas actuaciones sean autorizadas, a documentar de forma completa el edificio mediante fotografías, planos y memorias técnicas.

La actualización busca una normativa más clara, más ágil y adaptada a los retos actuales del patrimonio asturiano. También pretende mejorar la coordinación entre administraciones y facilitar los trámites relacionados con obras e intervenciones sobre bienes protegidos.

Con esta reforma, Asturias intenta abrir un nuevo camino para su patrimonio rural, histórico y arqueológico. En el caso de los hórreos, paneras y cabazos, el reto es especialmente visible: conservarlos no solo como piezas del pasado, sino como construcciones capaces de seguir formando parte de la vida de los pueblos, sin perder su esencia ni su valor cultural.

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