• Mar. Mar 3rd, 2026

Un paseo de hace 152 millones de años sale a la luz en la costa asturiana

Asturias vuelve a sorprender al mundo científico. El equipo investigador del Museo del Jurásico de Asturias (MUJA), junto al especialista Lida Xing, de la Universidad de Geociencias de China, ha documentado los primeros rastros de lagartos jurásicos hallados en Europa, un descubrimiento excepcional por la escasez de este tipo de registros fósiles tras el Triásico.

Las huellas, con una antigüedad aproximada de 152 millones de años, proceden de los acantilados situados al este de la Playa de España, en Villaviciosa. Actualmente forman parte de la colección del MUJA y pueden contemplarse en la sala dedicada al Jurásico Asturiano.

Se trata de dos rastros fósiles, denominados T1 y T2, conservados como relieves en la base de una capa de arenisca. Las icnitas —huellas fosilizadas— muestran características muy bien definidas: manos y pies con cuatro o cinco dedos, forma asimétrica y dedos que aumentan progresivamente de longitud. Estas particularidades han permitido atribuirlas a un lagarto del icnogénero Rhynchosauriodes, ampliamente conocido en el Pérmico y Triásico, pero extremadamente raro en el Jurásico. De hecho, los ejemplares asturianos representan la última aparición global conocida de este linaje en el registro fósil.

El rastro T1, con siete huellas, corresponde a un lagarto de unos 50 centímetros de longitud, mientras que el T2, con seis marcas, pertenecería a un ejemplar más pequeño, de unos 30 centímetros. En el primero se ha identificado incluso la marca continua de la cola, un detalle excepcional que aporta información valiosa sobre su desplazamiento.

Una irregularidad en la distancia entre las huellas llevó al equipo a realizar experimentos comparativos con lagartos actuales, como el ocelado y el barbudo. Las pruebas mostraron que, al pasar de estar quietos a moverse, estos reptiles realizan giros bruscos que generan patrones muy similares a los observados en el fósil asturiano.

Hace 150 millones de años, estos pequeños reptiles caminaron sobre un fango semiconsolidado en un entorno deltaico que desembocaba en un mar interior tranquilo. Las condiciones geológicas favorecieron que aquellas pisadas quedaran selladas para siempre.

Este hallazgo, publicado en la revista científica internacional Ichnos, refuerza el papel de Asturias como territorio clave para comprender la vida en el Jurásico. Porque en nuestra costa no solo se conservan huellas de dinosaurios: también laten las pisadas discretas de pequeños reptiles que formaron parte de aquel ecosistema remoto.

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